Publicas una fotografía de uno de tus servicios, un vídeo de tu restaurante o una experiencia que ofrece tu bodega. La publicación despierta interés y alguien decide entrar en tu página web para saber más.

Pero llega y no encuentra lo que estaba buscando.

Empieza a navegar por diferentes apartados, busca el servicio que acaba de ver o intenta averiguar dónde puede pedir información. Lo que parecía sencillo desde Instagram se ha convertido en una pequeña búsqueda.

Y aquí hay algo que a veces pasamos por alto: podemos dedicar muchísimo tiempo a preparar buenos contenidos para redes sociales y olvidarnos de comprobar qué encuentra el cliente cuando sale de ellas.

Cuidar redes sociales y web está muy bien, pero ¿están trabajando realmente juntas?

Tus redes despiertan el interés. ¿Y después?

Las redes sociales nos permiten enseñar lo que hacemos, compartir novedades, mostrar nuestro trabajo y mantener una relación con quienes nos siguen.

La web ofrece algo diferente. Es el espacio donde podemos explicar los servicios con más detalle, presentar el negocio y facilitar que alguien solicite información, un presupuesto o una reserva.

Por supuesto, no todas las publicaciones necesitan llevar a una web. Algunas están pensadas para informar, otras para conversar y muchas simplemente ayudan a que nos conozcan mejor.

Pero cuando anunciamos algo concreto, conviene pensar también en la persona que quiere saber más.

Pongamos un ejemplo.

Un restaurante publica sus propuestas para comidas de empresa. La fotografía es atractiva, el texto explica la experiencia y alguien empieza a plantearse organizar allí una celebración.

Seguramente querrá conocer los menús, saber para cuántas personas están preparados y consultar la disponibilidad.

¿Puede encontrar todo eso fácilmente?

Esa es la pregunta que nos interesa.

Redes sociales y web: cuatro cosas que conviene revisar

Para mí, la conexión entre redes sociales y web empieza mucho antes de colocar un enlace. Hay que pensar en todo el recorrido que hace una persona desde que descubre una propuesta hasta que decide preguntar por ella.

1. Que la publicación deje claro qué estamos ofreciendo

Una fotografía bonita puede llamar la atención, pero no siempre explica lo que necesitamos comunicar.

Si enseñamos un comedor preparado para un evento, podemos estar mostrando nuestras instalaciones o anunciando la posibilidad de organizar celebraciones.

Son mensajes diferentes. Si queremos recibir consultas sobre celebraciones, merece la pena que eso quede claro en el contenido.

2. Que resulte fácil llegar a la información

Aquí cada red social tiene sus particularidades.

En Instagram, por ejemplo, los enlaces escritos en las publicaciones habituales no son clicables. Podemos utilizar los enlaces del perfil, las historias con su pegatina de enlace o facilitar información a través de los mensajes privados.

Por eso prefiero una indicación concreta, como «En nuestro perfil encontrarás el enlace a los menús para grupos», antes que el habitual «Más información en nuestra web».

Parece un detalle pequeño, pero le estamos diciendo al usuario exactamente dónde tiene que ir.

Y si podemos llevarlo directamente a la página relacionada con lo que acaba de ver, mejor.

3. Que la web responda a lo que venía buscando

Este es uno de los puntos en los que más me fijaría.

Si alguien llega desde una publicación sobre celebraciones, tiene sentido que encuentre información sobre celebraciones. Enviarlo a una página de inicio con muchos apartados y esperar que localice el servicio por su cuenta complica las cosas.

La web debe desarrollar lo que hemos contado en redes y resolver las dudas que razonablemente puede tener un posible cliente.

4. Que contactar no se convierta en otra búsqueda

Una vez encontrada la información, tiene que resultar sencillo preguntar, llamar o reservar.

Cada negocio necesita soluciones diferentes. A veces bastará con un teléfono visible; en otros casos será más útil un formulario o un sistema de reservas.

Lo importante es comprobar que funciona y que se encuentra sin esfuerzo.

Cuando tus redes dicen una cosa y tu web cuenta otra

Imagina que anuncias un nuevo servicio en Instagram, pero todavía no aparece en tu página web.

O que un restaurante ha actualizado sus menús y en la web siguen publicados los anteriores.

La persona interesada tendrá que llamar o escribir para comprobar qué información es correcta. Quizá lo haga, pero estamos provocando una duda que podríamos haber evitado.

Esto sucede también con horarios, precios, actividades y servicios que se modifican a lo largo del año.

No significa que debamos publicar los mismos textos en todas partes. Una red social permite presentar una propuesta de forma más visual y breve, mientras que en la web podemos explicar todos sus detalles.

Lo que sí necesitamos es mantener la información actualizada y una imagen reconocible del negocio.

Si cambian nuestras fotografías, el tono de comunicación o incluso la manera de explicar lo que hacemos de un canal a otro, también conviene revisar si estamos transmitiendo una identidad coherente.

Un ejemplo con una bodega y sus visitas

Redes sociales y web de una bodega: un móvil con Instagram junto a un ordenador con la página de visitas y catas.

Voy a utilizar un caso hipotético de un sector que conozco especialmente bien: el vino.

Una bodega publica un reel mostrando sus viñedos, las instalaciones y una cata comentada. Una pareja lo ve y se interesa por hacer una visita el próximo fin de semana.

Entra en el perfil, busca la web y accede a ella.

Hasta aquí, todo bien.

Ahora necesita saber si hay visitas los sábados, cuánto duran, qué incluyen, cuál es el precio y cómo reservar.

Si la página tiene un apartado de enoturismo donde se explica todo esto, la pareja puede valorar la propuesta y decidir si le encaja.

Pero supongamos que únicamente encuentra una descripción de la bodega, fotografías de sus vinos y un formulario general de contacto.

Tendrá que escribir para preguntar por cuestiones que podrían estar resueltas en la propia página.

Puede que lo haga, naturalmente. Pero también puede dejarlo para otro momento.

Y ese es precisamente el tipo de dificultad que merece la pena revisar.

He utilizado el ejemplo de una bodega, pero podríamos hablar de una clínica que presenta un tratamiento, una tienda que anuncia un producto o un profesional que ofrece un nuevo servicio.

Lo que cambia es la información que necesita cada cliente. El recorrido es bastante parecido.

Tener la información no significa que sea fácil encontrarla

Este es otro aspecto que conviene mirar con ojos de cliente.

A veces el contenido que buscamos está en la web, pero aparece escondido dentro de una sección que no resulta evidente.

O utilizamos nombres para nuestros servicios que entendemos perfectamente porque trabajamos con ellos todos los días, pero que pueden resultar confusos para quien nos visita por primera vez.

Y hay una comprobación que yo haría siempre: entrar desde el móvil.

Trabajamos muchas horas delante del ordenador y conocemos nuestra página casi de memoria. Sabemos dónde está cada apartado y cómo llegar a él.

Un cliente nuevo no tiene por qué saberlo.

Por eso merece la pena probar los menús, los botones, los formularios y el acceso a los servicios desde una pantalla pequeña.

También conviene revisar cuánto tarda en cargar la página a la que envías a tus visitantes. Puedes introducir su dirección en PageSpeed Insights de Google para analizar su rendimiento. Es una comprobación complementaria: después, recorre tú misma la web y prueba el formulario o la reserva.

Si además estás planteándote cambios más amplios en tu página, puede ayudarte mi artículo sobre qué es un briefing web y para qué sirve, especialmente para ordenar las necesidades de un proyecto antes de empezar a modificarlo.

Una prueba sencilla que puedes hacer hoy

Te propongo algo que no requiere herramientas especiales ni conocimientos técnicos.

Busca una publicación reciente de tu negocio en la que hayas presentado un servicio, una actividad o una propuesta que pueda generar consultas.

Abre Instagram desde el móvil y haz el recorrido como si acabaras de descubrir ese negocio.

Fíjate en cinco cosas:

  1. La publicación: ¿entiendes qué se ofrece y dónde puedes ampliar información?
  2. El acceso: ¿el enlace o las indicaciones te llevan al lugar adecuado?
  3. La página: ¿encuentras lo que buscabas sin recorrer media web?
  4. La información: ¿está actualizada y responde a las preguntas que te harías antes de contratar o reservar?
  5. El contacto: ¿puedes llamar, escribir o solicitar información fácilmente? ¿Funcionan los botones y formularios?

Puede que descubras que todo está bien conectado. Estupendo.

Pero quizá encuentres un enlace antiguo, una página que necesita actualizarse o un formulario que resulta incómodo desde el teléfono.

No todos esos problemas requieren rehacer una web. Algunos se resuelven con pequeñas modificaciones y otros necesitan una revisión más profunda.

Lo interesante es saber dónde está el problema antes de ponerse a cambiar cosas.

Antes de publicar más, mira lo que ocurre con quienes ya se interesan por tu negocio

Cuando queremos conseguir más consultas, solemos pensar en hacer más publicaciones, mejorar los vídeos o ampliar nuestra presencia en redes.

Tiene sentido revisar todo eso, pero yo no empezaría necesariamente por publicar más.

Primero comprobaría qué sucede con las personas que ya muestran interés por nuestros contenidos.

¿Estamos ayudándolas a encontrar lo que buscan? ¿Nuestra página explica bien lo que ofrecemos? ¿Pueden ponerse en contacto con nosotros sin complicaciones?

Una web bien organizada no garantiza ventas, igual que una publicación con muchas visualizaciones tampoco asegura nuevos clientes.

Pero si alguien ha llegado hasta nuestro negocio y quiere saber más, al menos deberíamos ponérselo fácil.

Y esa coordinación entre redes sociales y web forma parte de una buena estrategia digital.

Si crees que tus redes y tu página web podrían trabajar mejor juntas, puedes conocer mi servicio de redes sociales y web para empresas. Podemos revisar qué está funcionando y qué merece la pena mejorar en tu negocio.